Mi amor… ¡Que ganas de verte!
¡Que deseos de abrazarte!
yo sé que al fin vendrás,
no importa cuanto tardes.
Hasta puedo adivinar tu sonrisa,
explicándome el motivo,
contándome la razón
por la cual te demoraste.
Y sin embargo,
las luces ya se han ido apagando.
Es que ha sido mucho el tiempo,
que me quedé aquí sentada.
La sonrisa que tenía,
de a poquito se ha borrado.
Luego con resignación
Levanto al fin la cabeza
Y veo como en el cielo,
lloran por mi las estrellas.
¡Hasta ellas se conmueven
cuando ven tanta tristeza!
Una llave invisible
puso un cerrojo en mi boca.
Mi pecho parecía estallar.
Mi voz se quebró en pedazos
y ni una palabra podía pronunciar.
Un fuego quemó mis ojos,
un ardor imposible de explicar.
Un aluvión de llanto
inundó mis sentidos,
como el de un niño dolido,
cuyo globo echó a volar…
Esa noche tan terrible,
Decepcioné al poeta:
Sé que no es bueno llorar.
Pero esa noche comprendí
que te perdía…
Y no te tendría nunca más.